
Todo lo bueno sucedía cuando éramos felices y en parte es bastante lógico. Resulta que lo bueno se acaba. El fino vidrio dónde se depositan las ilusiones cabe esperar que de un modo u otro se termine rompiendo. Es ley de vida. Aunque a nadie le guste ser derrotado tiene que aceptarlo con más o menos dignidad. Se acabaron las risas, los enfados y las prisas. Los síndromes del papel en blanco, las borracheras buscando temas para artículos el día antes. Porque si algo hicimos...
